Achero Mañas es un director osado, sensible y que se arriesga en cada uno de sus proyectos y sólo por eso ya vale la pena tenerlo en cuenta. Sus trabajos estarán más o menos conseguidos, pero nadie le puede negar la valentía que asume en cada uno de sus películas, volcándose emocionalmente, intentando ahondar en temas sociales y delicados y siempre buscando el grado máximo de honestidad consigo mismo.
Noviembre me supuso un revolcón emocional importante cuando la asistí a su proyección de prensa en el Festival de San Sebastián allá por el 2003. Una película inclasificable protagonizada por el colega Óscar Jaenada que rebosa sensibilidad y devoción hecha con el corazón y toda una oda al mundo del arte y sus artistas luchando porque la sociedad en la que viven no les corrompa. El Bola, pone sobre la mesa de forma contundente el abuso infantil, impacta por la crudeza de algunas de sus escenas y por el implacable trabajo de sus jóvenes actores y aparte de un inquietante y violento Manuel Morón.
Por lo tanto, no me quería perder su nueva obra 7 años después de su ultimo largometraje en el cine, y aunque Juan Diego Botto nunca me ha convencido totalmente debo reconocer que esta vez me ha sorprendido, saliendo airoso en un dificilísimo papel como padre y hombre de leyes que ve como inesperadamente se queda viudo a cargo de su hija de 3 años.
Entiendo su planteamiento desmesurado como una metáfora, no como una realidad de una situación concreta que pueda darse hoy en día, algo que resulta fácilmente inverosímil. En Todo lo que tú quieras, Mañas opta por exagerar casi hasta el extremo la situación drástica en la que se encuentra un padre de familia, para invitarnos a reflexionar sobre el rol del padre y la madre en la sociedad actual española reacia a cambios que atañen al tipo de familia que estamos acostumbrados. La familia, un factor esencial e intocable perteneciente a la más clásica tradición de valores cristianos impuestos por la religión católica. La madre puede llegar a ocupar ambos roles, pero ¿y el padre? La película puede destapar varios temas a los que posiblemente la sociedad española todavía no esté o no quiera estar preparada: el derecho a la adopción por parte de homosexuales o padres solteros, los roles preconcebidos tanto de la madre como el padre a la hora de asumir la responsabilidad de los hijos, ¿Hasta que punto nos debemos enfrentar a la sociedad para luchar por lo que consideramos justo? ¿Donde está el límite? ¿Hasta que punto estaríamos dispuestos a llegar por nuestros hijos? …
Con la premisa argumental de un padre abogado, obcecado con su profesión con sus típicos prejuicios, inmerso en el sistema y que casi de la noche a la mañana opta por travestirse para que su hija pequeña no eche de menos la ausencia de su madre, tiene el peligro de caer en el ridículo y la vergüenza ajena, pero Mañas demuestra destreza suficiente para salir airoso de una propuesta peliaguda y espinosa. Por lo menos lo intenta y a mi parecer lo consigue.
El resultado no será satisfactorio para todos, pero este es el riesgo que asume su director y por el que yo le alabo, respeto y consigue todo mi respaldo, aunque no se le podrá negar su valentía, osadía y sensibilidad por querer ahondar en los sentimientos de un padre que hará todo lo posible por mermar el sufrimiento de su hija.
