La Vida de los Otros; aprendan a escuchar… pero no demasiado
... por Matías Boero Lutz | 9 de Mayo de 2007 16:36

lavidadelosotros2.jpg La espera no podía hacerse más larga. Demasiadas buenas críticas para dejarla pasar por alto y aunque mi sensible estado emocional y la lluviosa tarde de viernes no me invitara mucho al visionado de un film previsiblemente lento y dramático, pensé que dejarme llevar por las entusiastas recomendaciones de la crítica no me haría del todo daño.

Nada más lejos de la realidad. Descubrí un film grande, redondo, inteligente, eficazmente dirigido y con un guión magistralmente bien escrito y desmenuzado - no es de extrañar que su director, el gigante Florian Henckel von Donnersmack le dedicase más de cinco años trabajando en su escritura -.

El film nos adentra en la Alemania de los 70 en pleno régimen comunista en la RDA donde un oficial de la Stasi, el Ministerio para la seguridad del Estado, es encargado de vigilar y espiar a la pareja formada por un importante escritor y una famosa actriz, con el objetivo de disipar alguna duda sobre el tipo de conexión con los detractores del régimen.

Qué rollazo dirían algunos. No amigos, no. Resulta que quién mucho escucha acaba por encontrar más de la cuenta y esto es lo que le va pasando a nuestro meticuloso oficial, ya que a medida que se va adentrando en la vida de ésta pasional y singular pareja hasta formar parta de ella, su concepción acerca del régimen autoritario que apoya estoicamente se va transformando y revelando en su interior hasta darse cuenta que quizás sus replanteamientos hayan llegado demasiado tarde, ¿o no?

Interpretación magistral de Ulrich Muhe en el rol de éste introvertido, frío e impasible oficial alemán al que sin apenas gesticulaciones, llega a transmitirnos los diferentes estados emocionales y psicológicos por los que atraviesa su personaje al ir constatando la aplicación de unos métodos que él consideraba justos y necesarios. Un personaje que recuerda al de el mayordomo interpretado por Sir Anthony Hopkins en Lo que queda del día (1993) de James Ivory, en dónde la expresión de sentimientos está reducido al más sutil movimiento, donde cada leve gesto engendra cambios de personalidad que con posterioridad hacen que cada pequeña variación en el rostro sea traducida perfectamente por el espectador para descifrar los sentimientos de tan austero personaje.

Seguiremos el rastro al señor Florian. Preofunda, cargada de sensibilidad y buen hacer tras la cámara, La Vida de los Otros es una oda al arte como antídoto para curarse las heridas contra la represión, la incomunicación, como vía escapatoria al desasosiego e inseguridad de una sociedad demasiado insegura y controladora.

En ocasiones gracias al ejercicio de la escucha, (don que escasea en abundancia por estos lares) podemos poco a poco llegar a replantearnos nuestra propia existencia, posiblemente llegar a encontrarnos con nosotros mismos o poner en cuestión convicciones estructurales de nuestra burbuja de cristal y a veces lamentablemente a descubrir el amargo sentimiento de la soledad. 

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