Claudia Llosa
... por Matías Boero Lutz | 27 de Febrero de 2006 13:03

claudiallosa.bmpLa coproducción hispano peruana Madeinusa se ha convertido en una de las películas latinoamericanas más laureadas por los grandes Festivales por donde se ha exhibido. La directora la peruana Claudia Llosa, afincada en Barcelona, escribió la historia hace ya unos años y obtuvo el premio al mejor guión del Festival de La Habana, Cuba. Nunca pudo imaginarse que este supondría el espaldarazo definitivo para llevar adelante su proyecto personal cuyo rodaje transcurrió en un pueblo perdido del Perú y con actores sin experiencia ante la cámara.

¿Por qué Madeinusa para el título de tu película y el nombre de la protagonista?

Es un nombre muy típico del Perú que me transmite mucha ternura. Contiene ya en sí mismo tantas interrogantes, tantas connotaciones que para mí está clarísimo que el nombre no está ahí de forma azarosa. Lo que ocurre con el nombre es que estamos hablando de esa mezcla de esa nueva identidad que se construye a partir de todas las influencias externas. Tenemos que empezar a identificarnos con lo que somos ahora y no con lo que éramos hace más de 500 años. Vamos cambiando y ahí que asumir esa mutación.

El argumento que planteas en tu película sobre los tres días de celebración donde no existe el pecado, se convierte en una metáfora de la represión que existe en muchas sociedades occidentales por el fenómeno de la religión.

Quería reflexionar acerca del tema de la culpa y de cómo la religión controla esas pulsaciones sexuales. Sin embargo yo creo que también utilizo la religión como pretexto para comentar muchas otras cosas. No es una película que ataque la religión en términos espirituales sino más bien en otros muchos sentidos. Lo mas interesante es ver como una creencia puede convertirse en realidad en la medida que la gente la cree. Crees tanto en ello que es imposible separarlo del mundo de la creencia y del mundo de la realidad. Eso me interesa mucho, me apasiona esa frontera tan borrosa entre el mundo de los creyentes y el mundo real.

Y luego está el tema de la liberación que se refleja muy bien al final de la película.

Lo interesante es comprobar como este pueblo asume el reto de llegar a lo más profundo y a lo más primerizo del ser humano sin problemas. Y como de ahí surgen nuevos interrogantes, pero que son libertades utópicas que no saben si te va a generar más cadenas. Tenemos ésta obsesión los seres humanos por el concepto de libertad que lo hemos entendido y asumido de tantas maneras. Pero al final no llegamos a entender que esta libertad es utópica, es imposible en términos puristas porque siempre hay algo que te va a atar por otro lado.

Es curioso constatar que es muy poco frecuente la presencia de realizadoras que surgen de Latinoamérica. ¿Te fue difícil el rodaje?

Particularmente, nunca he sentido la distinción ni en el equipo de rodaje, ni en los productores, ni la gente que participó; nuca sentí la distinción por ser mujer. Bueno, el mundo de por si es machista y en otras artes pasa lo mismo. La mujer poco a poco va empezado a tomar partido de la igualdad y en esa igualdad hay una ventaja de siglos, pero se nota como poco a poco empieza a dar sus frutos.

Madrid, Febrero 2006

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