En principio todo está encaminado para dejarme ver por la ciudad de Cannes que celebra su 62 edición con el Festival de cine más importante del mundo. No me gusta mucho ir de turista a los sitios y siempre me empeño en sacar un rendimiento a mis desplazamientos. Cómo no podía ser de otra manera, me llevo bajo el brazo mi última obra que tanto esfuerzo me ha costado parir; el cortometraje Sub-Way participará en el Short Film Corner, un espacio de encuentro entre profesionales y aficionados del mundo del corto, y al que he podido acceder gracias a la distribuidora Playtime Audiovisuales que se ha encargado de moverlo por diversos lugares durante estos últimos meses.
A través de mi participación podré hacer uso de la acreditación correspondiente con la que poder acceder a diversos pases organizados, aparte de poderme favorecer talleres, concursos y ventajas varias para la buena difusión y distribución del film.
Confieso desde ya que los trabajos de Almodóvar me han decepcionado en muy pocas ocasiones. He visto prácticamente toda su filmografía y existen muy poquitas películas con las que no haya disfrutado. Me viene rápidamente a la cabeza La Mala Educación la cual considero que tiene un arranque muy prometedor pero va perdiendo fuelle al poco tiempo y me dejó totalmente frío. De esto hace exactamente 5 años en los Cines Diagonal de Barcelona a los pocos días de su estreno nacional. El destino quiso que repitiera lugar en fechas muy parecidas y en la misma sala. Puedo decir que la experiencia fue muy diferente.
A los 15 minutos del comienzo de Los Abrazos Rotos, me sentí cómodo, tranquilo, entretenido con ganas de conocer el discurrir de los personajes, los cuáles no son retratados con especial atención, aunque conservan las pinceladas suficientes de personajes almodovarianos. La fotografía del nuevo fichaje de Pedro es uno de los grandes aciertos, Rodrigo Prieto consigue dotar cada una de las imágenes de una calidez sutil y compleja, olvidándote por completo de la luz trabajada de las imágenes.
Sin duda alguna, la cantidad de premios que ha recibido este Millonario Perro Callejero podría parecer exagerada si la comparamos con los galardonados con la estatuilla de los últimos años. Una vez más se demuestra lo bien que puede llegar a funcionar una excelente campaña de marketing en el panorama hollywoodiense. Aún así los méritos de la última película del británico Danny Boyle, sea dicho de paso un director particular si repasamos su irregular pero poco convencional filmografía, son dignos de alabar.
Lo primero que llama la atención es el guión, que no sé si esto es algo bueno o malo, ya que cómo dice el maestro Azcona, el buen guionista no tiene que hacer notar su trabajo en una película. Aún así se aprecia la calidad del mismo tratándose de una historia con una estructura sencilla que contiene una gran variedad de géneros con los que poder emocionarnos. No llegaría a decir manipularnos, pero si que resultan bien efectivos. El montaje y la música son otros dos poderosos elementos al servicio de la historia con los que Boyle intenta encandilarnos en un Bombay multicolor y esperanzador a pesar de la miseria.
Ya está aquí y tengo que decir que me ha decepcionado un pelín por jugar
al despiste, aunque mis expectativas no se han visto reducidas. Teaser trailer que sirve como prácticamente para dejar claro que han aprovechado cada uno de los euros de los 50 millones que se ha invertido en el filme. El avance de la imágenes es espectacular, el montaje ejemplar, empleando un acertado ritmo de imágenes y música y ofreciéndonos unos sugerentes planos de la Weisz. Aunque todo hay que decirlo, desconcierta un poco ya que no sabemos muy bien por donde puede derivar esta historia epico-romántica-histórica. Do lo que no me cabe la menor duda es que Amenábar nos sorprenderá en su planteamiento y su resolución de una historia aparentemente compleja. Su comparación con la filmografía de Kubrick, no me parecen para nada descabellada. Este chaval ha demostrado que sabe rodar, thriller, ciencia ficción, terror, dramones y por lo visto también películas históricas.
Desde que me enteré de la noticia de que se llevaría a cabo la adaptación de la novela corta de F. Scott Fitzgerald de El Curioso Caso de Benjamin Button, mis expectativas han ido in crescendo, sobre todo cuando se empezaron a desvelar los detalles de quién se pondría detrás de las cámaras y quién sería su protagonista. Por lo visto de esto hace ya bastante tiempo, y viendo el resultado en pantalla se entiende que se haya tardado tanto tiempo en estrenarse esta lujosa superproducción. La fotografía, la música, la caracterización de los personajes acorde con cada una de las épocas en las que trascurren las acciones, los asombrosos efectos especiales, el diseño artístico, etc. todo está cuidado y estudiado con sumo detalle y de forma impecable para conseguir ser LA gran producción que abarque todo tipo de público. Su tono, épico melodramático está conseguido al milímetro para atraer al mayor número de espectadores posible a las salas. Y pienso que ahí podría radicar uno de los grandes detalles que restan toda la fuerza e intensidad que se le podría haber dotado más aún si cabe, al filme. Su perfeccionismo se resalta tanto que a veces da la impresión de que nos encontramos ante una obra distante, bonita sí, pero realizada con cierta frialdad como para conmovernos por esta relación romántica que dura al paso de los años.
Se acercan tiempos para los revolucionarios;
intensas, maduras interpretaciones de DiCaprio y la Winslet. Como si de una obra de teatro se tratase, la cuidada puesta en escena de Mendes y las sólidas actuaciones del dúo de Titanic me transmitieron dolor, angustia, frustración, nostalgia. Al director de American Beauty, Road to Peridtion y Jarhead le ha bastado una corta filmografía para dejar patente su garra como realizador, adquiriendo para ello un estilo muy particular en sus movimientos de cámara, encuadres y utilización de los colores en cada uno de planos.
Es curioso como mi interés por los premios de la Academia de Cine Español ha ido decreciendo al cabo de los años. Durante mi larga estancia en Bruselas recuerdo como intentaba no perderme nunca la ceremonia que retransmitían por el canal de TVE Internacional, incluso quedándome hasta tarde para ver por completo la ceremonia. Una de las que recuerdo más concretamente y me hizo especial ilusión fue aquella en la que se proclamó Tesis como mejor película del año 1996 con un jovencísimo Alejandro Amenábar recogiendo el cabezón. Pero años más tarde o bien porque me ido haciendo más viejo y empiezo a desmitificar cierto tipo de industria así como el mundo que me rodea, bien porque considero que tanto la ceremonia como lo que se premia empieza a ser demasiado repetitivo, me importa cada vez menos quién pueda acudir a la gala, quién pueda ser merecedor de un premio o cual es el discurso que se han preparado para la ocasión. En ocasiones tengo la impresión de que la gran familia del cine Español cierra sus puertas a las grandes promesas que piden a gritos un reconocimiento, un gesto o un detalle que premie la valentía y el ingenio en que se lanzan a dirigir sus óperas primas. Curiosamente éste llega pero fuera de nuestras fronteras y no por parte de los que sustentan el cotarro. Como si existiera un miedo de que los jóvenes talentos con sus apuestas arriesgadas fueran a quitar trabajo a los ya consolidados artesanos que llevan años y años en la industria y que se niegan a perder un trozo de la tarta.
Intento no perderme nada de lo que dirija este hombre ya que tengo las garantías de que por lo menos no estaré perdiendo el tiempo, algo bastante significativo en los tiempos que corren hoy en día. Su último trabajo Changeling, estaba en cartel aquel día que decidí moverme al cine y a pesar de que se encontraba doblada no me importó hacer un pequeño sacrifico ya que me veía acompañado por dos personas que aunque conocían mis manías, no era plan de aguarles la tarde durante las fiestas navideñas. Lástima que quedaran pocas butacas, y las que estaban centradas tenían que estar relativamente cerca de la pantalla. Mis pequeñas náuseas no tardaron en llegar debido en parte también a las clásicas palomitas que compro muy ocasionalmente. No me volvió loco el trabajo de la Jolie, aunque reconozco que inspira intensidad, verosimilitud y profesionalidad.
Esto de la selección de Festivales de Cortometrajes sí que es sorprendente. Desde que Sub-Way empezó a tocar la puerta de diversos festivales nacionales e internacionales después del verano la respuesta ha sido buena, aunque en ocasiones, inesperada. Empezó su andadura por el X Festival de Ikuska, Pasaia, en Guipúzkoa, donde dos de los miembros de la Fundación Inquietudes se desplazaron en representación del corto. Luego se coló entre los seleccionados para el certamen que organiza el bar De risa y oro en Tudela, Navarra (http://www.noticiasdenavarra.com/ediciones/2008/11/13/vecinos/tudela/d13tud34.1419734.php).
A los esperados trabajos de Almodóvar y Amenábar para el 2009 se une el proyecto de Alejandro González Iñárritu, al que considero uno de mis directores preferidos. La intensidad e implicación con la que dirige cada una de sus películas merecen mi más absoluta devoción.
A ver que tal le sale esta nueva apuesta donde no contará por primera vez con su hasta ahora fiel guionista Guillermo Arriaga; el título de su inminente rodaje en Barcelona es Biutiful y cuenta nada más y nada menos con Javier Bardem (ahora entiendo el rechazo a sus anteriores propuestas norteamericanas), Eduard Fernández (bien, recuperamos a uno de las bestias pardas de la interpretación), Rubén Ochandiano (que facilidad tiene esta hombre para encadenar grandes proyectos, ya que a pesar de su juventud acaba de currar con Soderbergh y Almodóvar) pero el Gordo le ha tocado a la joven actriz argentina Maricel Álvarez, ya que debuta con este film en el cine.
