Casi siempre me meto en una sala teniendo ciertas referencias y conocimientos sobre lo que me van a proyectar, bien sea porque intento que mi gasto por una entrada de cine sea lo más rentable posible o bien porque es inevitable por mi parte no estar al día en cuánto a noticias, críticas, estrenos y novedades en cuánto a la industria cinematográfica se refiere. De esta manera corro muchas veces el riesgo de no colmar mis expectativas o de llevarme importantes decepciones al salir de una sala de cine después de cada visionado.
En el caso de la segunda película de Rodrigo Cortés, que venía avalada por prestigiosas críticas desde que comenzó su andadura por Festivales allá por Enero en la ciudad de Sundance (Utah), era prácticamente imposible que la dejara escapar, sabiendo de su argumento desde que se empezó a gestar su rodaje el verano del año pasado. Había visto su ópera prima: Concursante y por lo que recuerdo, el film poseía un potente estilo personal y un ágil uso del montaje, aparte de desprender una ácida crítica al sistema económico y monetario actual.
