Queridos compadres, un servidor ha luchado para encontrar su tiempo y poder conectarse a éste requerido Internet para sentarse delante de la pantalla y saciar vuestra curiosidad de los acontecimientos vividos y mi situación en esta ciudad de la Bretaña francesa.
La espera no podía hacerse más larga. Demasiadas buenas críticas para dejarla pasar por alto y aunque mi sensible estado emocional y la lluviosa tarde de viernes no me invitara mucho al visionado de un film previsiblemente lento y dramático, pensé que dejarme llevar por las entusiastas recomendaciones de la crítica no me haría del todo daño.
Días de Cine, clásico programa del mundo del celuloide que aguanta estoicamente desde hace años sus cambios en la parrilla horaria, era durante mi larga estancia en el extranjero, uno de los pocos escaparates cinematográficos a los que podía acceder a través del Canal Internacional.
Como consecuencia de ello, me convertí en un ferviente seguidor del programa y acérrimo valedor de su cachondo presentador Antonio Gasset, disfrutando de sus particulares comentarios antes de cada reportaje con el inconfundible tonillo sarcástico e irónico que le caracteriza, salpicados con fuertes dosis de ácido sentido del humor.
